En el contexto de recesión nacional, más de dos millones de créditos quedaron en situación de atraso. De ese total, un millón corresponde a fintech, tarjetas de consumo y entidades no financieras, que comenzaron a refinanciar caso por caso, ofreciendo quitas de intereses y planes de pago ajustados a los ingresos actuales.
Los datos del sector muestran que la morosidad alcanza al 11% en bancos, 27% en entidades no bancarias y 17% en fintech. El deterioro en la capacidad de pago se vincula directamente con la caída del poder adquisitivo y la inestabilidad económica.
Las fintech, que habían ganado terreno en segmentos no bancarizados, enfrentan ahora el desafío de la falta de mecanismos de cobro eficientes. Ante carteras incobrables, priorizan la recuperación de acreencias sobre la judicialización, evitando procesos legales costosos y de bajo recupero. La estrategia se consolidó como respuesta a las iniciativas legislativas que plantean esquemas masivos de refinanciación y condonación de intereses.
En paralelo, las entidades endurecieron el otorgamiento de créditos. Exigen recibo de sueldo, antigüedad laboral, domicilio y consulta obligatoria a la central de deudores del BCRA. Además, aplican modelos predictivos con 24 meses de historial y machine learning, ajustan tasas según riesgo individual y ponen el foco en clientes de mayores ingresos y menor riesgo.
El caso de Mercado Libre refleja la magnitud del fenómeno. En enero de 2026, las líneas de crédito de Mercado Pago alcanzaban a 6,3 millones de usuarios, equivalentes al 14% de la población argentina, con 21 millones de préstamos activos y un promedio de 3,3 créditos por persona. Los casos de impago pasaron del 1,8% en diciembre de 2024 al 8,7% en diciembre de 2025, mostrando el signo claro del aumento de la morosidad en el país.




