14 de abril de 2026

Menos alegría, más incertidumbre: Argentina cae en el ranking de felicidad

Los gobiernos no están para hacer más ricos a sus ciudadanos. Están para hacerlos más felices y darles una mejor calidad de vida, que se puede parecer, pero es otra cosa.

Pocas cosas son tan subjetivas como la idea de la felicidad y aún más la manera de medirla. Sin embargo, en un mundo en que todo se cuantifica, la felicidad tiene su lugar.

Y esto es bueno y útil, porque ¿cuál es el objetivo de los gobiernos, sino propiciar la felicidad de sus gobernados? Reducirlo todo a una cuestión económica es por decirlo… estúpido y miserable. La resolución 65/309 de las Naciones Unidas en 2011 invitó a los países miembro a ir más allá de las cuestiones del PBI y “darle más importancia a la felicidad y bienestar al determinar cómo alcanzar y medir el desarrollo económico y social”. De esto, los economicistas entienden poco y nada, incluso podría decir que le temen porque da por tierra con todas sus creencias.

Para comparar el nivel de felicidad de los habitantes de distintos países, tenemos varios índices: el OCDE Better Life Index, que tiene el inconveniente que solo cubre los 38 miembros de la OCDE (Argentina es un candidato perpetuo -40 años-, pero nunca llegamos a ser miembros); el Happy Planet Index de la New Economic Foundation que abarca casi 150 países, pero tiene un fuerte sesgo hacia la cuestión de la sustentabilidad (no mide quienes son más felices, sino quienes tienen una “buena vida sin destruir el planeta”). Finalmente, el World Happines Report (WHR).

El World Happines Report

Desde 2005 la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, en colaboración con Gallup (que realiza todos los años una encuesta global, entrevistando más de 100.000 personas en 147 países) y un equipo de expertos de la Universidad de Oxford (John Helliwell, Richard Layard, Jeffrey Sachs, etc.), elaboran el WHR.

Lo que hace el WHR es reflejar cómo la gente evalúa su propia vida. Para esto arranca con lo que se conoce como la respuesta a la escalera de Cantril: “Imagine una escalera con 10 escalones, el piso representa la mejor vida que usted podría tener y el décimo la peor. ¿En qué escalón siente usted que esta hoy?”.

A esto se agregan otros factores: el PBI per cápita (data del BM, ajustado por PPC), el nivel de apoyo social (¿“si tenés problemas, contás con familiares o amigos que te pueden ayudar cuando los necesites, o no?”), la expectativa de una vida saludable (datos de la OMS), el grado de libertad personal (“¿estas satisfecho o disatisfecho con la libertad que tenés para elegir qué hacer con tu vida?”), generosidad (¿donaste dinero a alguna caridad en el ultimo mes?), percepción de la corrupción (“¿la corrupción es rampante en el gobierno, o no?” y “¿la corrupción es rampante en los negocios, o no”), emociones positivas (“¿te reiste, disfrutaste o tuviste algún interés en el día previo, si/no?”), emociones negativas (“¿te preocupaste estuviste triste o te enojaste en el día previo, si/no?”), voluntariado (“¿cediste tu tiempo a alguna organización el último mes?”) y ayuda a desconocidos (¿”ayudaste a algún desconocido en el último mes?”).

Bastante completito (de estos resultados es posible categorizar las cosas por edad, sexo, etc., pero para este comentario no interesan). Claro que esto no significa que el WHR no esté exento de críticas, la más importante es que no toma en cuenta las diferencias culturales sobre la definición de felicidad (más técnico tenemos la falta de congruencia en la toma de los datos, etc.). De todas formas, por su extensión y transparencia es el índice sobre la felicidad de la gente más respetado del mundo.

Valores anuales del WHR.
Valores anuales del WHR.

Con toda esta información, lo que hacen es elaborar un promedio. El problema es que tomar solo los valores absolutos de las respuestas no nos dice mucho, porque siendo la felicidad un cuestión subjetiva y dado que el mundo puede ser más o menos feliz en un momento dado, tendríamos una foto muy imperfecta sobre las vivencias en cada país.

Lo que hace la gente del WHR es entonces, en base a estos valores, elaborar un ranking de los países, desde aquel donde la gente se percibe como más feliz, hasta el menos feliz.

¿Para que sirve este y otros índices sobre la felicidad? No para tener una medida sobre quien es más feliz o infeliz, sino para tratar de determinar qué factores deben corregir los gobiernos para cumplir su responsabilidad.

La última medición del WHR, correspondiente al año 2025, se difundió el 18 de marzo pasado.

Dónde está la Argentina

Argentina fue incorporada al WHR en 2006. Desde entonces, lo habitual para nuestra prensa mal especializada es tomar los valores del ranking y la medida de la evaluación de vida que sale en el cuadro general del reporte.

El problema con ello es que, como lo que buscan los autores es determinar los cambios sociales de largo plazo, esos valores son los promedios móviles de los tres años precedentes, por ejemplo, lo de 2025 es el promedio de los años 2024, 23 y 22.

Esto opaca la foto y puede derivar en disparates como lo que vemos para nuestro país, que retrocede el año pasado 2 puestos en el fixture mundial (del 42 al 44), pero mejora 0,5% en la evaluación de vida (de 6,397 a 6,43).

Cuando tomamos los valores correspondientes solo al año 2025 vemos que la caída en el ranking es de 12 puestos (del 38 al 50) y que la evaluación del nivel de vida desmejora 2.7% (de 6.537 a 6.358).

Esto último resulta consistente con el salto que dieron, por ejemplo, la percepción sobre la corrupción, de 75 puntos en 2024 a 100 y las emociones negativas de 59 a 76, y la caída que habían tenido desde 2023 cuando rondaban 104 y 79 puntos respectivamente.

La dicotomía entre el discurso contra la corrupción y los escándalos del año pasado, llevaron a que la percepción sobre la corrupción del gobierno y los empresarios solo fuera menor a la de 2018 y 2023. Casos como el de Adorni no prometen ninguna mejora sustancial para el 2026.
La dicotomía entre el discurso contra la corrupción y los escándalos del año pasado, llevaron a que la percepción sobre la corrupción del gobierno y los empresarios solo fuera menor a la de 2018 y 2023. Casos como el de Adorni no prometen ninguna mejora sustancial para el 2026.

Esto merece una aclaración. Cuando hablamos de cosas como la “percepción de la corrupción”, esto no está ligado de manera expresa al nivel de corrupción imperante, sino a como los ciudadanos perciben y que importancia le dan al fenómeno de la corrupción. Así, por ejemplo, el gobierno y el empresariado durante la administración de Cristina Kirchner podría haber sido infinitamente mas corrupto que el de Javier Milei, pero esta era una cuestión que no pesaba en el ánimo de la sociedad. En cambio, ahora, la corrupción del gobierno y los empresarios es vista como algo mucho más gravitante.

En un sentido contrario, solo durante el año previo y el primer año de la administración macrista, la percepción sobre nuestra libertad para escoger nuestro destino fue mayor que la del año pasado.

Como podía esperarse (con un gobierno liberal/libertario), donde los argentinos estamos mucho mas felices es con la sensación de poder elegir nuestro futuro. Solo durante el año de la elección y el primero de la administración de Macri estuvimos tan satisfechos con nuestras libertades. Claro que entonces no duró demasiado.
Como podía esperarse (con un gobierno liberal/libertario), donde los argentinos estamos mucho mas felices es con la sensación de poder elegir nuestro futuro. Solo durante el año de la elección y el primero de la administración de Macri estuvimos tan satisfechos con nuestras libertades. Claro que entonces no duró demasiado.

Volviendo a lo de antes y para ponerlo en castellano, la llegada del gobierno libertario vino acompañada en su primer año de una menor percepción sobre la corrupción y una caída de las emociones negativasjunto a una mejora sustancial en la sensación de felicidad de los argentinos, que nos hizo trepar del puesto 41 de los países con gente mas feliz al 38.

El año pasado todo esto se dio vuelta, y si bien la sensación de corrupción y las emociones negativas fueron menores las que imperaban en 2003 (104 puntos y 79 puntos), en la comparación internacional estamos peor que en aquel entonces (era el puesto 41 del ranking). No sabemos qué pasara este año, pero hasta ahora los argentinos no parecemos haber recuperado nuestra alegría de vivir.

Las emociones positivas y las negativas de los argentinos, que habían mejorado en 2024, volvieron el año pasado al promedio histórico. Las buenas 12 puntos mejores que antes de asumir Milei, pero las malas casi sin diferencia.
Las emociones positivas y las negativas de los argentinos, que habían mejorado en 2024, volvieron el año pasado al promedio histórico. Las buenas 12 puntos mejores que antes de asumir Milei, pero las malas casi sin diferencia.

Antes de que la gente de la Oficina de Respuesta Oficial me acuse de “opositor”, “zurdo” o váyase a saber qué otra cosa, vale la aclaración que durante los dos primeros años de la gestión de Alberto Fernández fuimos en promedio, según el WHR, mucho menos felices que en lo que va de la administración Milei (puesto 56 frente al 44). Claro que esto empalidece frente al primer bienio de Macri, puesto 40, y especialmente a los de Cristina Kirchner 28 a 2013 y 27 a 2009.

Si tomamos los periodos completos durante el primer gobierno de Cristina Kirchner en promedio fuimos el 26avo país más feliz del globo (con Néstor Kirchner, tal vez por el optimismo tras la salida de la crisis 2001/2, la data parcial habla del puesto 21), durante su segundo mandato el 25avo. Con Mauricio Macri al igual que con Alberto Fernández el 48avo, y en lo poco que va de la de Milei, ya dijimos, nos recuperamos al 44.

Guste o no, con sus luces y sus sombras los argentinos fuimos -al menos según el WHR- más felices durante las dos administraciones de Cristina Kirchner -en especial durante la primera- que en lo que va de la de Milei: es cierto que nos sentíamos menos libres, pero éramos más ricos, el apoyo social era mayor y nuestras emociones negativas y la percepción de corrupción eran menores. Tal vez fuera que solo éramos más inocentes.

Ojalá el Gobierno se de cuenta pronto, que no es la plata lo que más nos importa a los argentinos, sino la felicidad y el bienestar de todos, y tome las medidas conducentes a esto.

Fuente: Ambito