Los argentinos comen cada vez menos carne de vaca. Un informe de Fada reveló que la ingesta anual cayó de 49,5 a 44,5 kilos por persona, mientras que el consumo de cerdo subió a 19,3 kilos. La inflación y la pérdida del poder adquisitivo explican el cambio de hábitos, con familias que buscan alternativas más accesibles para su mesa.
Empresarios del sector advierten que el asado se volvió un lujo y que ni el pollo ni el cerdo logran compensar la caída de la proteína más tradicional. En Misiones, la situación se agrava por la baja producción local y la necesidad de abastecerse desde otras provincias.
El precio de la carne aumentó entre un 20% y un 30% en lo que va del año, presionado por la menor oferta ganadera y la creciente demanda internacional. “Hoy hacer un asado implica un gasto muy alto”, resumió Abel Motte, empresario cárnico, al señalar que el consumo cayó un 40% respecto a años anteriores.
La conclusión es clara: menos carne vacuna en la mesa, más cerdo y pollo como alternativas, y un cambio de paradigma que consolida a la carne de vaca como un producto cada vez más inaccesible para gran parte de la población.




