Lázaro Jaime Zilberman, conocido por todos como Marcelo Araujo, murió en la madrugada del lunes a los 78 años. Estaba internado en una clínica de Vicente López. No habrá velatorio; será cremado en el cementerio de Chacarita el martes.
La noticia la confirmó su amigo y compañero de transmisión Fernando Pacini en radio La Red. Pacini recordó la nobleza y la generosidad de Araujo y subrayó el lugar que ocupó en la radio y la televisión deportiva argentina.
Araujo fue la voz de generaciones: conductor de Fútbol de Primera y figura central de Fútbol Para Todos, formó una dupla inolvidable con Enrique Macaya Márquez y dejó una impronta indeleble en la manera de narrar el fútbol argentino.
Su estilo era reconocible al instante: análisis riguroso, tiempos narrativos medidos con precisión, ironía sutil y esa costumbre de nombrar a los jugadores con todos sus apellidos al celebrar un gol. Sus relatos volvieron a circular en redes, donde se recordó, entre otros momentos, el Superclásico en el que Martín Palermo marcó justo cuando Araujo mencionaba la recaudación del partido.
Nacido en Villa Crespo, Araujo comenzó su carrera junto a Fernando Niembro en los años setenta. En agosto de 1989 saltó a la fama al asumir la conducción de Fútbol de Primera, consolidando una estética televisiva que marcó una época y que hoy sigue influyendo en nuevas generaciones de periodistas deportivos.
Más que un relator, Araujo construyó una identidad para el fútbol televisado: dejó frases, silencios y una manera de contar que muchos intentaron imitar y pocos lograron igualar. Su legado perdurará en la memoria de quienes escucharon sus transmisiones y en la forma en que se sigue narrando el juego.




