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21 de octubre de 2026

¡Sin códigos! Saltó el muro y se llevó el asado del Día de la Madre

Un «amigo de lo ajeno» se vistió de Papá Noel de la carne, pero al revés: le birló 10 kilos de cordero a una vecina.

La Policía lo cazó rápido, pero al asador solo volvieron tres kilitos de costilla. ¿El resto? Ya marchaba camino al carbón.

Hay robos que indignan, otros que sorprenden, y después están los que directamente no tienen perdón de Dios. En Posadas, un delincuente de 29 años se consagró como el «antimadre» del año al cometer un atentado directo contra el corazón del domingo familiar: se robó el asado antes de que tocara la parrilla.

La víctima de esta falta total de códigos fue doña María Elena, una vecina de 65 años que vive en la zona de las calles Francia y España. Con mucho esfuerzo y la ilusión de agasajar a los suyos, la mujer tenía preparada una señora bandeja con diez kilogramos de carne de cordero para tirar a los fierros este domingo 18 de octubre.

Sin embargo, el olfato delictivo pudo más. Alrededor de las 9:30 de la mañana, cuando los primeros mates ya circulaban por la casa, el sospechoso demostró habilidades olímpicas: saltó el muro perimetral, esquivó las miradas y se mandó a mudar con el botín parrillero bajo el brazo. Dejó a la familia con los aplausos al asador atragantados y el carbón encendido al divino botón.

Operativo «Salven al Cordero»

Tras el alerta, la Policía de Misiones activó un «código rojo gastronómico». Los efectivos de la Dirección Agrupación Motorizada y de la Comisaría Tercera salieron a cazar al ratero por el barrio. El despliegue dio sus frutos rápido: el sospechoso fue atrapado ese mismo domingo con las manos en la masa… o mejor dicho, en la grasa.

Pero como en toda historia de asado robado, el final fue agridulce. Recién el lunes a la noche, en la comisaría, doña María Elena pudo recuperar una parte de lo suyo. Mediante acta oficial, la Policía le restituyó tres kilogramos de costilla que sobrevivieron al raid delictivo.

Del resto de los siete kilos no se sabe mucho, aunque los investigadores sospechan que, para cuando cayó el sospechoso, más de un cómplice ya se estaba chupando los dedos. Al menos, tres kilitos volvieron al barrio para salvar, aunque sea con retraso, el honor de la parrilla familiar.