Sin embargo, para que la medida no sea vista como una simple «caja registradora», las autoridades locales se enfrentan al desafío de demostrar que el verdadero objetivo es salvar vidas a través de la transparencia y la educación.
Señalización clara frente a la sombra de la duda recaudatoria
El mayor temor de los conductores ante la llegada de estas tecnologías es que se conviertan en «trampas cazabobos» ocultas en el camino. Para contrarrestar esta justificada desconfianza, la implementación debe sostenerse sobre una cartelería informativa impecable, visible y distribuida con suficiente anticipación en los accesos al corredor controlado.
La información precisa para el automovilista es el único escudo que separa la verdadera seguridad vial del mero afán recaudatorio. Si los conductores conocen de antemano las reglas de juego y disminuyen la velocidad a 60 km/h, el radar cumplirá su función pedagógica preventiva: la mejor multa es aquella que nunca llega porque la infracción se evitó.




