Se trata de un hornero, el ave nacional que acaba de demostrar que la famosa «viveza criolla» no es exclusiva de los humanos.
Con una visión empresarial envidiable, este arquitecto de pico y barro decidió armar su mono ambiente arriba de un semáforo.
Olvídate de las ramas del jacarandá o de los aburridos postes de madera. Este pajarito no da puntada sin hilo: analizó el mercado inmobiliario urbano y eligió la propiedad con los mejores servicios incluidos.
Al instalarse justo sobre las viseras de las luces de tránsito, se aseguró iluminación nocturna y calefacción central las 24 horas.
¿El costo de la tarifa de luz? Cero pesos. Un verdadero visionario del subsidio encubierto.El plano de esta obra maestra de la ingeniería ilegal incluye beneficios que envidiaría cualquier desarrollador inmobiliario:
Calefacción de primera: El calorcito constante de la lámpara (especialmente cuando el tránsito se traba y el rojo queda eterno) mantiene el nido a una temperatura tropical sin gastar un gramo de gas.Seguridad privada: Vivir a cuatro metros de altura y con reflectores LED que cambian de color espanta a cualquier okupa o depredador.
Ubicación Premium: Vista al frente, ventilación cruzada por el viento de los colectivos y acceso directo a los mejores charcos de la avenida.
Hasta el momento, la empresa de energía eléctrica no sabe cómo mandarle la intimación por «enganche clandestino» a la propiedad, y la municipalidad está evaluando si cobrarle el impuesto por uso del espacio público.
Mientras tanto, el hornero los mira desde arriba con una impunidad maravillosa. Definitivamente, de tonto no tiene ni una sola pluma




