Todo parecía rutinario hasta que notaron que una pasajera llevaba “bultos misteriosos” en la zona del abdomen.
La mujer, con toda tranquilidad, aseguró que eran “objetos personales” que le habían entregado. Claro, porque todos sabemos que lo más cómodo para viajar es pegarse cuatro ladrillos al cuerpo.
Ante la sospecha, los efectivos pidieron que descendiera del transporte y, en presencia de personal femenino, descubrieron la verdad: cuatro paquetes rectangulares bien acomodados como si fueran un cinturón de seguridad alternativo.
El Narcotest confirmó lo que ya era evidente: cocaína, con un peso total de 2 kilos 96 gramos. O sea, más de dos kilos de “souvenir” que no estaban precisamente para regalar en San Juan.
La justicia intervino de inmediato, secuestró la mercadería y dispuso la detención de la pasajera, que terminó su viaje mucho antes de llegar a destino.




