Javier Milei empieza a sumar respaldos de gobernadores para la reforma laboral y cierra el cerco sobre el peronismo en el Senado. Hasta el momento, distintos caciques del radicalismo y de fuerzas provincialistas expresaron, con mayor o menor vehemencia, su voluntad de apoyar el proyecto del oficialismo en el Congreso. Javier Milei firmó la convocatoria a sesiones extraordinarias antes de partir a Davos y en la Casa Rosada cunde el optimismo.
Tal como ocurrió con el Presupuesto 2026, Diego Santilli salió a la ruta a colectar los sufragios para apuntalar la agenda de reformas del Presidente. En su segundo rally desde que asumió, el ministro del Interior ya visitó Chubut, Chaco, Mendoza, San Juan y Salta. En los últimos cuatro casos, se llevó el compromiso de los mandatarios de prestar luces verdes en la Cámara alta, un hecho que destacan en despachos de Balcarce 50.
Santilli espera ampliar ese número este miércoles, al desembarcar en Neuquén, donde manda Rolando Figueroa, quien ya anticipó algunos de los reclamos que le convidará al funcionario. Uno de ellos es que coparticipe el impuesto a los combustibles, idea que los 24 jefes provinciales habían consensuado el año pasado y que plasmaron en un proyecto de ley que finalmente perdió volumen en terreno legislativo.
Figueroa también intentará avanzar en un acuerdo por los u$s200 millones que Nación le debe a la caja previsional neuquina. El ministro, en tanto, seguirá su tour el jueves en Entre Ríos, donde lo espera Rogelio Frigerio, aliado de La Libertad Avanza (LLA) y viejo compañero de armas en las filas PRO.
Respaldos e incógnitas rumbo a la reforma laboral
Del primer pelotón de caciques que recibieron al «Colo», el más mesurado fue Ignacio Torres. Apremiado por los incendios forestales, Torres no dio declaraciones tajantes respecto a la reforma laboral, aunque reconoce que es necesario un proceso de modernización. De todas maneras, dilata definiciones, tal como hacen sus demás compañeros de Provincias Unidas, dueños de votos clave para el Gobierno.
Nación ya confirmó que auxiliará al patagónico con Aportes del Tesoro Nacional (ATN) para hacer frente a las consecuencias de la quema de bosques, aunque todavía reveló el monto. El chubutense, además, explora un acuerdo con el Estado para comenzar a saldar los $51.000 millones que le reclama a la Casa Rosada para el sistema jubilatorio de la provincia. Durante las negociaciones por el Presupuesto 2026, había conseguido la eliminación de las retenciones a las exportaciones de crudo convencional.
Más explícitos, en cambio, fueron otros de sus colegas. El chaqueño Leandro Zdero consideró que la reforma laboral «es una herramienta central para recuperar competitividad y generar empleo formal». «Permitirá adecuar normas pensadas para otra realidad productiva», dijo. Y amplió: «Necesitamos reglas que acompañen a quienes quieren invertir, incorporando flexibilidad, capacitación y modernización».

Su correligionario mendocino Alfredo Cornejo también transitó esa senda. «La reforma laboral es una reforma relevante para que las empresas puedan tomar más empleo y para que más trabajadores se incorporen a la economía formal», aseguró.
Asimismo, evaluó que el proyecto «contribuye a generar mayor previsibilidad y a facilitar la creación de puestos de trabajo». «Bajar impuestos puede implicar menos recaudación en el corto plazo, pero el objetivo es que la economía crezca y que, a partir de ese crecimiento, el Estado pueda sostener sus políticas públicas esenciales», completó.
Por su parte, el salteño Gustavo Sáenz expresó que «no hay que tenerle miedo al cambio ni a avanzar» y que «son leyes viejas que hay que ir cambiando”. También anticipó que tiene voluntad de diálogo, de no obstruir y de acompañar, un guiño que el oficialismo esperaba. Antes, el sanjuanino Marcelo Orrego se había puesto el acento en “la importancia de que esa ley apunte a que en la Argentina se genere más empleo privado y crecimiento para todas las provincias”.
El quinteto de gobernadores que se mostró proclive a acompañar la reforma laboral tiene influencia sobre un grupo de cuatro senadores. Los radicales Rodolfo Suarez y Mariana Juri responden a Cornejo, mientras que la chaqueña Silvana Schneider es alfil de Zdero. Flavia Royón, en tanto, reporta al salteño Gustavo Sáenz. El número podría ampliarse a seis si Andrea Cristina y Edith Terenzi, representantes de Chubut cercanas a «Nacho» Torres, terminan apoyando.
Por su parte, el neuquino Rolando Figueroa tiene a Julieta Corroza como su alfil en la Cámara alta. También desde afuera de la atmósfera libertaria, el Gobierno espera sumar los votos de Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, del oficialismo misionero, quienes suelen acompañar las iniciativas del mileismo. Similar situación podría darse con los santacruceños Natalia Gadano y José Carambia. El gobernador Claudio Vidal, sin embargo, está en una encrucijada ya que proviene del sindicalismo, que se opone ampliamente a la modernización laboral.
Claro que no es tan simple como soplar y hacer botellas: Diego Santilli regresa a Buenos Aires con la valija llena de reclamos. Obra pública, rutas, fondos y cajas previsionales son algunos de los que más se repiten. “No creo que ningún gobernador pueda estar en contra de la reforma laboral en Argentina”, repite como slogan el ministro, marcándole la cancha a los aliados e intentando exponer al peronismo opositor. Dentro del PJ, la Casa Rosada busca seducir, una vez más, al tucumano Osvaldo Jaldo y al catamarqueño Raúl Jalil, los dos grandes aliados celestes.
El justicialismo ya dio a conocer un proyecto de reforma propio. Busca recuperar la iniciativa y alejarse de una imagen incómoda: ser oposición por oposición. Con ese norte, la CGT intenta convencer a gobernadores de distintos pelajes. Veladamente, todos se muestran preocupados por el impacto de la iniciativa de Milei sobre Ganancias y, consecuentemente, en la coparticipación federal.
Por ahora, abundan los gestos, los guiños y los compromisos verbales. De todas formas, no son más que eso: palabras. Como reza el dicho, “los pingos se ven en la cancha”. Varios jefes provinciales guardan sus cartas para hacer pesar su rol de árbitros. Es el caso del santafesino Maximiliano Pullaro y su vecino cordobés Martín Llaryora. Por ahora, juegan al silencio de radio en lo que respecta al debate venidero.
Fuente: Ambito




