Se abre en una pestaña nueva

08 de octubre de 2026

Flybondi en picada: concurso preventivo, aviones en tierra y un agujero de más de $430.000 millones

Con vuelos suspendidos y un rojo patrimonial de más de $433.000 millones, la low cost fue a la Justicia para frenar la quiebra y renegociar deudas con trabajadores y proveedores.

El modelo de viajar por dos mangos acaba de estrellarse contra la realidad contable. Flybondi (FB Líneas Aéreas S.A.) formalizó ante la Justicia lo que en el sector ya era un secreto a voces: la compañía está quebrada de hecho y entró en concurso preventivo para no bajar la persiana de forma definitiva. Con los vuelos suspendidos y una montaña de cheques rebotados, los números del expediente judicial muestran un rojo terminal.

El pasivo total asciende a $609.589 millones (unos 396 millones de dólares al cambio oficial), frente a activos por apenas $176.103 millones. En criollo: por cada 100 pesos que la empresa tiene para responder, debe 346. El patrimonio neto quedó pulverizado en terreno negativo por -$433.485 millones.

La mecha corta de la crisis se encendió en marzo de 2026, cuando la caja dejó de responder para pagar el combustible, el leasing de los aviones y los servicios de rampa. Pero el frente más caliente está puertas adentro:

  • 826 empleados en vilo: entre pilotos, tripulantes de cabina, mecánicos y personal de tierra.
  • Sueldos impagos: adeuda $21.528 millones en salarios netos.
  • Aportes previsionales en falta: otros $32.833 millones retenidos o no transferidos a los organismos fiscales y de seguridad social.

Lo paradójico es que el colapso ocurrió mientras el resto del mercado volaba en alza. Durante 2025, el cabotaje argentino creció un 13,2% y movilizó a 33,3 millones de personas; Flybondi, en cambio, cayó 9,1% (perdió más de 360.000 pasajeros respecto de 2024) y vio desplomarse sus ingresos netos un 14,5%. Ni los $75.800 millones de inyecciones de capital ni los préstamos tomados durante ese ejercicio alcanzaron para tapar una quema operativa de efectivo que superó los $102.000 millones.

La aerolínea insiste en que el concurso es una escala técnica para «reordenar la deuda» y volver a volar. Sin embargo, con los aviones parados, los proveedores cerrando el grifo y los auditores advirtiendo desde hace meses que la empresa no tenía nafta para seguir, convencer a los acreedores de no liquidarla será una maniobra mucho más difícil que cualquier aterrizaje con viento cruzado.