09 de septiembre de 2026

Un «deficitario» Regional Amateur: El fútbol misionero juega a pérdida

La crisis que azota al fútbol de la provincia de Misiones ya no es una advertencia de diván; es una realidad que golpea con dureza en las boleterías, en las canchas y en los balances contables

No se trata únicamente de un colapso económico generalizado, sino de un síntoma mucho más preocupante: el marcado desinterés de una afición que le está dando la espalda a un espectáculo que dejó de seducir.

Los números de este último fin de semana son el reflejo de un sistema que cruje por los cuatro costados. Para muestra basta un botón: solo uno de los partidos disputados en el marco del Torneo Regional Federal Amateur dejó al club local un déficit que superó los 500 mil pesos. Estamos hablando de una pérdida neta destinada únicamente a cubrir los denominados «gastos fijos» de organización: los aranceles de los árbitros, el operativo policial obligatorio y el servicio de sanidad. Medio millón de pesos abajo antes de que ruede la pelota.

Salvo contadas excepciones que confirman la regla, la primera fase de este certamen se ha transformado en una trampa financiera donde se «juega a pérdida». Ante este panorama, son los bolsillos —ya de por sí flacos— de los propios dirigentes los que deben salir al rescate semana a semana para poner el pecho (y la plata) ante semejante sangría. Y esto es solo la punta del iceberg. A la hora de hacer cuentas, nadie contabiliza públicamente el costo operativo de la semana: si bien muchos planteles no perciben un sueldo profesional, siempre surgen viáticos, traslados o reclamos económicos legítimos por parte de los futbolistas, por más modesta que sea la estructura del club.

Postales del abandono: Tribunas vacías y billeteras flacas

Las postales del fin de semana en Posadas eximen de mayores comentarios. Tanto en la cancha de Jorge Gibson Brown como en la de La Picada, la asistencia de público fue alarmantemente pobre. La recaudación en boleterías pasó a ser una anécdota irrelevante que ni de cerca llegó a mitigar los costos de apertura de los estadios.

Si bien es innegable que la crisis macroeconómica actual pulveriza el poder adquisitivo de los hinchas y les impide acompañar las campañas como desearían, la culpa no es exclusivamente de la inflación. Hay un problema de gestión y de diagnóstico que los clubes no están queriendo ver. Es evidente que algo no anda bien en la toma de decisiones.

Aunque parezca un debate trillado y repetitivo, que la Liga Posadeña ponga en cancha a cinco clubes compitiendo simultáneamente en el Regional Amateur es una auténtica barbaridad logística y deportiva. Si bien la participación es el resultado de decisiones autónomas de cada institución, la Liga Posadeña —al igual que las ligas del interior provincial— tiene la obligación dirigencial de intervenir, ordenar y establecer pautas claras de viabilidad.

La crónica de una devaluación anunciada

Las consecuencias de esta sobrepoblación de equipos están a la vista de todos:

  • Planteles diezmados: Al dividirse los recursos y los auspiciantes entre cinco, ninguno de los representantes posadeños se pudo reforzar convenientemente. Se dedicaron a canibalizarse el mercado local, sacándose jugadores entre sí.
  • Bajo nivel deportivo: Los pocos refuerzos que llegaron de afuera no logran marcar la diferencia y, lógicamente, el potencial futbolístico actual está muy por debajo de las expectativas históricas de la región.
  • Saturación del público: Con el bolsillo castigado, el aficionado promedio quizás pueda hacer el esfuerzo de pagar una entrada por fin de semana. Intentar venderle dos partidos en dos días a la misma masa de personas es exigir una inversión imposible para los tiempos que corren.

El presente torneo ya está en marcha y, por el bien del deporte local, ojalá algún equipo misionero rompa los pronósticos, encuentre regularidad y logre el ansiado ascenso. Sin embargo, la dirigencia no puede esperar a que la pelota entre por milagro para reaccionar.

De cara a la próxima temporada, es urgente sentarse a diseñar una estrategia integral y restrictiva. Continuar bajo esta misma lógica de ceguera institucional solo garantizará dos cosas: el empobrecimiento definitivo de los clubes y la agonía irreversible de nuestro fútbol.