Con orden táctico y una ambición superior, el equipo local desnudó las falencias de un Mitre que, pese a sus nombres de jerarquía, nunca encontró el rumbo.
En el fútbol, las jerarquías se demuestran jugando y no en los papeles. Bajo esa premisa, Estudio se hizo fuerte en cancha de La Picada y se quedó con una victoria tan trabajada como merecida, ante Bartolomé Mitre. Fue 2 a 1 para el local, en un encuentro donde el orden, el compromiso y la ambición fueron las banderas que sostuvieron el triunfo.
Desde el arranque, Estudio marcó territorio. Ante un rival que presentó en cancha a varios futbolistas que integran el plantel del Federal A, el dueño de casa no se achicó. Mientras la visita dependía de ráfagas individuales y centros que morían en las manos del arquero o en los despejes de la zaga, el local jugaba con el cuchillo entre los dientes.
La apertura del marcador llegó a los 38 minutos del primer tiempo, cuando Tobías Marchesini capitalizó la profundidad de su equipo para poner el 1-0. Justicia pura para el equipo que más había propuesto hasta ese momento.
En el complemento, el Auriazul intentó reaccionar y encontró la paridad rápidamente: a los 6 minutos, Rodrigo Cerdán estampó el 1-1 que parecía cambiar el destino del cotejo. Sin embargo, el empate fue un espejismo. Mitre cayó nuevamente en la intrascendencia y en ataques anunciados que fueron bien anulados por el bloque defensivo de Estudio.
El premio a la constancia llegó a los 29 minutos, cuando Lisandro Dutra, con una ejecución precisa desde el punto del penal, selló el 2 a 1 definitivo.
Los minutos finales mostraron la desesperación del auriazul, sin ideas frente a un adversario que se aferró a su plan de juego con una entrega admirable en sus tres líneas. Fue triunfo del compromiso sobre los nombres; una victoria que ratifica que, en la Superliga Posadeña, no alcanza con la chapa para ganar en el Oeste.




