El domingo a la tardecita, en el estadio General Manuel Belgrano, el DT local transformó el partido contra Sol de Mayo de Colonia Liebig en una de acción, arrojándole una botella al árbitro e intentando meter un «combo de puños» tras ver la tarjeta roja.
El «planteo táctico» del entrenador tras ser expulsado a los 19:30 horas no prosperó: el juez esquivó el proyectil y los muchachos de la División Comando Radioeléctrico, que jugaban de neutrales, cortaron el avance del violento con una marca asfixiante.
El partido de Víctor terminó antes de tiempo y con un traslado directo a la Comisaría Primera, donde pasó la noche analizando el reglamento, lejos del banco de suplentes y bien cerca del calabozo.




