La resolución N° 3344/2025 se publicó el 23 de diciembre, a pocos días de las fiestas, y quedó sepultada entre las celebraciones de fin de año. Pero el cambio que dispone sobre la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn) es notorio y llega en medio de una caída sostenida de las tasas de vacunación que preocupa a las principales sociedades científicas del país.
La medida oficializada por el Gobierno redujo a la mitad el núcleo central de la CoNaIn, redefinió su rol como estrictamente consultivo y la subordinó de manera directa al Ministerio de Salud. El organismo, ahora bajo la órbita de la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles, es el principal asesor en políticas de inmunización del Estado nacional.
Cambios drásticos en una comisión clave
La resolución aprobó un nuevo reglamento de funcionamiento y dejó sin efecto normativas que organizaban la Comisión desde hace más de dos décadas. Entre los cambios más importantes, se redujo el Núcleo Científico Central de ocho a cuatro integrantes y se estableció que la presidencia estará a cargo del titular de la DiCEI.
El texto reafirma el carácter “estrictamente consultivo y no vinculante” del organismo y dispone que la agenda será definida por la DiCEI, aunque los miembros podrán proponer asuntos según pertinencia técnica. Todos los cargos serán ad honorem y por períodos de dos años.
Los argumentos oficiales sostienen que la medida busca “ordenar su funcionamiento” y “fortalecer el proceso de toma de decisiones” al integrar la Comisión a la estructura ministerial. Por eso, se deroga la presidencia independiente y se formaliza su dependencia directa.
El cambio institucional, en contexto
El telón de fondo es sensible: las coberturas de vacunación en Argentina van en caída generalizada. El último informe del Observatorio de Vacunas de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte que ninguna de las dosis del calendario nacional alcanza la meta del 95% y algunas registran descensos de más de 40 puntos porcentuales en la última década.
Entre los datos más preocupantes, la segunda dosis de la triple viral a los 5 años cayó al 46%, cuando en 2015–2019 superaba el 90%. Lo mismo ocurrió con el refuerzo contra la poliomielitis, que descendió al 47%. En ambos casos, menos de la mitad de los niños accede hoy a dosis clave para sostener la inmunidad colectiva.
El informe también señala que la vacuna quíntuple de refuerzo alcanza apenas el 66,8%, con más de 150.000 niños sin esa dosis en 2024. En adolescentes, la cobertura de la vacuna contra el VPH cayó al 51% en varones y al 55% en mujeres, mientras que la dTpa a los 11 años bajó al 54%.
“La comparación entre 2015 y 2024 evidencia una caída generalizada en todos los grupos de edad y vacunas analizadas, con especial preocupación en los refuerzos y esquemas de la segunda infancia y adolescencia”, advierte la SAP, que calificó la situación como una “alerta epidemiológica seria” por el riesgo de reemergencia de enfermedades como sarampión y coqueluche.
El informe subraya que el problema no es solo iniciar los esquemas, sino completarlos. Los refuerzos son la parte más afectada y su incumplimiento deja a niños y adolescentes expuestos, acumulando población susceptible y facilitando la aparición de brotes cuando ingresan virus desde otros países.
“La vacunación es una estrategia colectiva y requiere políticas sostenidas, coordinación federal y decisiones basadas en evidencia científica”, remarcó la SAP, al advertir que los esquemas incompletos generan una falsa sensación de cobertura y ponen en riesgo la protección poblacional.




