La Cooperativa Tabacalera de Misiones (CTM) acaba de bajar la persiana de una campaña histórica, metiendo dentro de la planta de acopio la friolera de más de 35 millones de kilos de hoja. Una cifra que en cualquier otra época significaría tirar la casa por la ventana, pero que hoy, tranqueras adentro de la industria, se festeja con el ceño fruncido. El motivo es uno solo y quema más que el sol de enero: el costo de la energía eléctrica.
Para entender la magnitud de lo que se juega en los galpones de Leandro N. Alem y San Vicente, hay que mirar las planillas de empleo. El tabaco sigue siendo el gran motor y el verdadero imán que frena el éxodo rural en Misiones. Gracias a este volumen procesado, la cooperativa logró el milagro de mantener activos durante 11 meses a 480 trabajadores temporarios, que sumados a los 120 operarios permanentes de la planta y los 52 empleados de la división yerbatera de San Vicente, blindan un ecosistema de 652 puestos de trabajo directos. Estamos hablando de sueldos que van directo al bolsillo de la gurisada, al almacén del pueblo, y que mueven la aguja de fleteros y contratistas en toda la provincia.
Como bien sintetizó el presidente de la entidad, Jorge Kappaun: «Todos sabemos que el tabaco es lo único que está sosteniendo la actividad productiva del campo, porque la yerba no está valiendo nada». Hoy por hoy, el tabaco es el arraigo hecho cultivo.
La boleta de luz: $380 millones en un mes
Sin embargo, el esfuerzo de los productores y el sudor de las líneas de colgado chocan de frente contra una realidad energética que se volvió inviable. La última factura mensual que recibió la cooperativa superó los $380 millones, lo que empujó el mostrador de costos a un acumulado de $2.000 millones de pesos en energía eléctrica en los últimos once meses. Procesar el tabaco misionero para dejarlo en condiciones de exportación se transformó en una timba financiera contra las tarifas eléctricas.
Para que la fábrica no se pare y las fuentes de trabajo no corran peligro, la CTM tuvo que patear el tablero tradicional y buscar soberanía energética. Los técnicos ya diseñan a contrarreloj un parque solar fotovoltaico que ocupará dos hectáreas de superficie para autoabastecer la planta. A esto se le suma el reemplazo urgente de una veterana caldera con 40 años de servicio por un modelo moderno de alta eficiencia, y un plan a tres años para entregar plantines forestales a los colonos. ¿El objetivo? Recuperar montes y asegurar la provisión de chips de madera (biomasa), ante la alarmante escasez de leña en la región.
El frente de tormenta que viene del cielo
Como si el dolor de cabeza de los costos fijos fuera poco, el productor agropecuario misionero siempre tiene que mirar al cielo. Las copiosas y constantes lluvias que vienen castigando a la provincia ya provocaron anegamientos severos y un exceso de humedad que pudre las raíces en los lotes. En las picadas ya se habla de una merma considerable para la próxima cosecha.
Aunque el colono misionero es duro como el lapacho y está acostumbrado a capear los temporales y los desaires de las políticas de Nación, sabe que el próximo año se jugará cuerpo a cuerpo.




