Cada 9 de noviembre se conmemora en Argentina el Día Nacional del Donante Voluntario de Sangre, una fecha destinada a reconocer a quienes, de manera solidaria y altruista, realizan este acto que permite salvar vidas. La jornada recuerda la primera transfusión de sangre con citrato de sodio, realizada por el médico argentino Luis Agote en 1914, un avance científico que marcó un antes y un después en la medicina transfusional.
En Misiones, la donación voluntaria y habitual es fundamental para garantizar la disponibilidad de hemocomponentes en los distintos efectores de salud de la provincia. Detrás de cada donación hay una historia, una motivación y, sobre todo, la decisión de ayudar a personas que atraviesan situaciones de salud complejas.
Rosario Sánchez, de 31 años, oriunda de Posadas, actualmente es donante de plasma, aunque su camino comenzó con la donación voluntaria de sangre. Su primera experiencia estuvo vinculada a una necesidad familiar: “Cuando era más chica comencé a ser donante porque mi abuela lo estaba necesitando. Después me fui a Córdoba por motivos de estudio y allí también doné para mi suegra. Al principio nunca fui constante, hasta que comencé a trabajar”.
Fue en ese ámbito donde encontró una motivación para convertir la donación en un hábito, “allí se hacían colectas voluntarias y recuerdo que una de esas colectas se hizo el día de mi cumpleaños. Fue entonces cuando me prometí que iba a continuar con esta acción como un regalo a la vida”, recordó.
En aquella misma campaña también la incentivaron a convertirse en donante de plasma. Actualmente realizó su segunda donación de este componente y destaca el significado personal que tiene esta práctica “para mí esta acción significa devolver un poco a la vida de lo que me ha dado”.
Como mensaje a quienes todavía no se animaron a donar, Rosario expresó “esta acción es indolora, no deben tener miedo y la satisfacción que te da saber que estás ayudando a alguien es magnífica”.
Otra historia de compromiso es la de Mariela Dos Santos, de 57 años, quien comenzó a donar sangre hace aproximadamente 30 años, cuando su padre necesitó una transfusión. Desde entonces, cada vez que alguien necesitó donantes, estuvo dispuesta a colaborar. Actualmente es donante frecuente y realiza entre dos y tres donaciones al año.
Con mucha emoción, Mariela expresó la satisfacción que le genera este acto solidario “siento que estoy regalando a quien necesita la posibilidad de mejorar su salud y, con eso, su vida”.
Además, desde su espiritualidad, encuentra en la donación una manera de acompañar a otras personas y sus familias en momentos difíciles “ver la necesidad de la gente o de las familias que están buscando volver a sus hogares con sus familiares y saber que puedo ser parte de eso representa una emoción sin igual”, compartió.




