Lo hizo tras vencerlo a domicilio en el mismísimo estadio Clemente Argentino Fernández de Oliveira. Con un planteo táctico perfecto y la siempre vigente «ley del ex» por duplicado, el equipo de «Chumpi» Benítez fue un justo y legítimo ganador en territorio franjeado.
La pizarra de Benítez y el peso de la «Ley del Ex»
El triunfo de La Picada no fue casualidad; se construyó meticulosamente en la semana. El cuerpo técnico debió rearmar la estructura ante dos bajas de peso en la zaga central titular. Lejos de achicarse, las improvisaciones defensivas funcionaron a la perfección, respaldadas por un mediocampo solidario que auxilió constantemente en el retroceso y se desplegó con criterio de contragolpe.
Desde el pitazo inicial, el «Tren del Oeste» ahogó la salida de Guaraní. La presión alta dejó sin circuitos de juego al local, obligándolo a dividir la pelota con pelotazos largos y frontales que simplificaron la tarea de la defensa visitante.
La contundencia llegó de la mano de dos viejos conocidos de la casa. Guido Da Silva y Villalba cumplieron con la inexorable «ley del ex», firmando los goles que sellaron el destino del encuentro y desataron el festejo de la barriada del oeste posadeño.
Impotencia franjeada y un nuevo fracaso institucional
La otra cara de la moneda fue la descolorida imagen de Guaraní Antonio Franco. El elenco de Villa Sarita jamás descifró el cerrojo táctico de su rival y careció de ideas para pasar la mitad de la cancha con pelota dominada.
Con rendimientos individuales llamativamente bajos, apuro e imprecisiones constantes, el Franjeado consumó un nuevo y rotundo fracaso futbolístico que vuelve a defraudar las expectativas de sus simpatizantes.
La violencia de siempre

La nota oscura de la jornada —lamentablemente habitual en el fútbol de ascenso— la volvió a dar la barra brava de Guaraní. Sobre el final, se registraron nuevos hechos de violencia y disturbios en el sector de los para-avalanchas, empañando lo que debió ser estrictamente una fiesta deportiva y dejando en evidencia que el problema de los violentos sigue sin solución.
La Picada se marchó de Villa Sarita con la clasificación en el bolsillo y una imagen colectiva impecable. El «Tren» sigue en marcha y sueña en grande.




