El Tribunal de Penas de la Liga Posadeña de Fútbol castigó con dureza al Club Atlético Tigre tras los graves disturbios registrados en el último súper clásico. La Comisión Directiva de la institución rompió el silencio a través de un comunicado oficial en el que confirmó la clausura de su estadio por el término de sesenta días, una medida que calificaron como un golpe «profundo» para el club.
Frente a este complejo panorama institucional y deportivo, la dirigencia del «Felino» decidió dar la cara de inmediato. Lejos de apelar a las excusas, las autoridades asumieron la responsabilidad de los hechos, pero marcaron una postura inflexible contra los violentos: «Este club no avala, no acepta y rechaza rotundamente todo tipo de violencia», enfatizaron, buscando desligar la identidad histórica de la institución de los desmanes provocados por unos pocos.
A pesar del duro impacto económico y deportivo que significará mudar la localía durante los próximos dos meses, el mensaje dirigencial intentó transmitir templanza y un llamado a la cordura para toda la comunidad de la entidad de Santo Pipó. En el tramo final del descargo, hicieron un pedido explícito a los hinchas y simpatizantes genuinos para «defender a Tigre desde el respeto y la paz», asegurando que la gestión continuará trabajando «con la frente en alto» para revertir este adverso momento.




