Puerto Esperanza late a otro ritmo. Hay una electricidad linda en el aire, de esa que solo el fútbol sabe generar. No es para menos: el Club Barrio Obrero está de regreso. Tras casi cuatro décadas de espera, la humilde institución misionera vuelve a codearse con los grandes de la región al sellar su participación en el próximo Torneo Regional Amateur. El sueño que nació entre el olor a aserrín y el eco de los martillos hoy agita los corazones de toda una localidad.
La historia de Barrio Obrero tiene esa épica tan propia de nuestro fútbol profundo. Fue un 21 de febrero de 1965 cuando un grupo de vecinos visionarios decidió fundar el club para darle deporte y contención a la comunidad.
El escenario de aquel puntapié inicial no fue un despacho municipal ni un hotel de lujo: fue una carpintería local. Hoy, la posta la lleva la sangre. Desde hace tres años, son los hijos y familiares de aquellos fundadores quienes conducen los destinos de la institución, con la firme convicción de honrar el legado de sus padres.
La actualidad deportiva respaldaba el salto. Animador constante de la Liga de Eldorado —donde marcha en el lote de vanguardia tras haber alcanzado las semifinales el año pasado—, el club sintió que era el momento de romper el molde.
El entusiasmo se transformó en gestión y la dirigencia logró abrochar la ansiada «licencia deportiva» para volver a jugar un Regional. La última función nacional data de 1987, 39 años atrás, cuando el «Obrero» firmó una destacada campaña que todavía se recuerda en las charlas de mate.
Armarse para la batalla: el plan de Cardozo
Si bien Jhonatan Cardozo, el estratega del cuerpo técnico, le rinde plena confianza a la base que viene batallando en la Liga del Alto Paraná, la realidad del Regional exige otra marcha. Consciente de que se avecinan batallas de alta complejidad, la directiva ya abrochó cinco refuerzos provenientes de las ligas de Eldorado e Iguazú para ampliar el abanico de variantes tácticas. Sin embargo, el mercado no está cerrado: el cuerpo técnico sigue rastreando el norte de la provincia en busca de un «9» de área, un centro delantero con experiencia y rodaje en este tipo de batallas.
Una fortaleza llamada «Alfonzo Scherer»
El orgullo institucional se materializa sobre la ruta 227, a escasos 300 metros de la intersección con la ruta 12 y en las adyacencias del ingreso a la firma Arauco. Allí se erige el estadio «Alfonzo Scherer», el hogar de Barrio Obrero que se prepara a contrarreloj para estar a la altura de la cita.
Actualmente el predio cuenta con dos tribunas de cemento y se espera la inminente instalación de una estructura tubular para ampliar el aforo de una hinchada que promete copar cada partido. Además, la dirigencia trabaja intensamente para acondicionar las cabinas y el sector de prensa, garantizando la comodidad de los medios que cubrirán la campaña, sumado a los ya reacondicionados vestuarios y sanitarios.
El desafío más grande: Motivación en la «Zona de la Muerte»
El bolillero no tuvo piedad, pero en Puerto Esperanza nadie llora antes de jugar. Todo lo contrario. La suerte determinó que Barrio Obrero comparta la primera fase del torneo con dos grandes del fútbol misionero: Crucero del Norte y Guaraní Antonio Franco.
La dirigencia no dudó en catalogar al grupo como la «zona de la muerte», pero lejos de achicarse, el mensaje interno es de pura rebeldía. Desde las entrañas del club aseguran que «nos motiva aún más saber que nos vamos a medir con los mejores; el respeto es total, pero la ilusión de hacer historia no nos la quita nadie».
El gigante dormido de Puerto Esperanza ha despertado. Treinta y nueve años después, Barrio Obrero vuelve a poner su nombre en el mapa grande del fútbol de ascenso.




