Otra vez, y van, los argentinos de a pié, los que la pelean todos los días, a pesar de los que dirigen los destinos del país, especialmente en gobiernos de derecha o libertarios, sufre las consecuencias del desatino, de la falta de empatía, y de la crueldad más absoluta que baja desde los círculos de poder en desmedro de los débiles y de los que menos tienen o pueden.
Desde hace tiempo, los descuentos por pagos en efectivo pululan en los comercios. Existe un precio, que cambia por pago en efectivo, en débito, billeteras virtuales, o con tarjetas de crédito. El descuento en efectivo, es una forma de favorecer la economía informal, la que muchas veces no queda registrada, y por ende no recauda para el fisco. Si se utiliza la bancarización, el precio aumenta y con crédito, ahora un 5 por ciento más de recargo. La morosidad no tiene límites, porque la gente quiere y necesita comer. Una mala costumbre populista.
Hace unos años Macri hablaba de brotes verdes, ahora el segundo de economía vuelve a utilizar una metáfora parecida, para decir que ya se están observando rebrotes. Entonces uno se pregunta, si los funcionarios viven en Narnia, o se ríen descaradamente de la gente, porque a la vuelta de la esquina uno se entera que a los jubilados le aumentarán poco más de 7 mil pesos en agosto, pero no dicen que con esa irrisoria cifra, no podrán pagar ni siquiera el incremento en el boleto de colectivo. Ni pensar en electricidad, gas, alimentos o medicamentos, que con la edad se van sumando, en cantidades y economicamente.
Lo concreto es que en la calle, no hay circulante. En criollo, la gente no tiene plata, porque no hay aumentos de sueldos acordes a la inflación real y no a la dibujada por un émulo de Pablo Picasso que trabaja en el INDEC y porque Señores, desde que llegó el»iluminado» al poder, se perdieron 300.000 empleos formales, que en una rápida operación matemática significan 1.200.000 personas que se quedaron sin ingresos, y paralelamente una cifra similar de perdieron sus ingresos informales, ya que se cortó el circuito «virtuoso» de la economía diaria.
Pero, también hay buenas noticias, los senadores cobrarán 12 millones de pesos, equivalentes a lo que perciben unos 25 jubilados con bono incluido. Es decir que 72 legisladores reciben una cantidad de dinero similar a la 1765 jubilados. Inequidad, casta, pongale el nombre que usted quiera, pero injusticia con mayúsculas.
Y los más ricos, ahora pagan menos de bienes personales, eliminaron el impuesto a la riqueza, abrieron las importaciones para que esos mismos ricos, compren lo que se les antoje aqui en Argentina sin moverse, mientras los trabajadores han reducido ostensiblemente la compra de alimentos. Claro, comer cuatro veces al día no es para cualquiera o suena a descabellado o es de «angurrientos».
Más del 70 por ciento de las rutas pavimentadas del país están en mal estado o deterioradas, pero el impuesto incluido en los combustibles para mantenerlas, nunca se dejó de cobrar. Preguntar adonde fue la plata, es considerado poco más que un acto terrorista.
Desde el gobierno, que vino a terminar con la casta, en uno de los títulos más taquilleros en películas cómicas del país, se insiste en que «estamos terminando con el déficit fiscal». Lo que no explican es la manera en que están tratando de terminar, con el déficit o con los habitantes de este bendito suelo. Suprimieron gastos en salud, educación, discapacidad, obras públicas. Transifirieron todo lo posible a las provincias, a las que le redujeron todo tipo de aportes. Así es fácil, si en mi casa no pago la luz, el gas, los impuestos y la comida, es muy probable que no tenga déficit, pero tampoco que nadie quede vivo en ese hogar.
Argentina, un país donde lo único que crece es la casta, las injusticias, y la brecha entre ricos y los cada vez más pobres. Pero lo más triste, es que crece la indiferencia, como si todos estuvieramos salvados, o nada de lo que sucede nos afecta.
El mundial de fútbol, nos dio un ejemplo claro. Jugadores, que sí están salvados económicamente, que han ganado todos los títulos, que han logrado más de lo que pudieron haber soñado, batallaron hasta el último minuto para coronarse de gloria. Y nosotros, el resto de los argentinos no pensamos reaccionar. No por gloria, sino por vivir con dignidad.




