El polaco de 45 años, oriundo de Plock, se ha ganado un lugar entre los mejores jueces del planeta, al punto de ser elegido por la IFFHS como el “Mejor árbitro del mundo” en 2022 y 2023. Su figura se ha vuelto inseparable de algunos de los capítulos más trascendentes de la Selección Argentina.
Marciniak fue el encargado de impartir justicia en la final del Mundial de Qatar 2022, aquel épico 3-3 entre Argentina y Francia que terminó con la consagración de la Scaloneta por penales. También dirigió la final de la Champions League 2022/23 entre Manchester City e Inter de Milán, y ahora vuelve a cruzarse en el camino albiceleste: será el árbitro del debut frente a Argelia en el Mundial 2026, este martes a las 22, por el grupo J.
Su trayectoria es tan extensa como singular. Antes de dedicarse al arbitraje, Marciniak fue ciclista de resistencia y futbolista amateur en el Wisla Plock. En 2002 decidió cambiar de rumbo y, con disciplina y talento, escaló hasta convertirse en árbitro FIFA en 2011.
Desde entonces, su carrera ha sido meteórica: debut en Champions en 2014, finales juveniles europeas y presencia en tres Copas del Mundo (Rusia 2018, Qatar 2022 y ahora Estados Unidos-México-Canadá 2026).
La relación con Argentina tiene varios capítulos. En Rusia 2018 fue el juez del debut ante Islandia, donde sancionó el penal que Lionel Messi no pudo convertir. En Qatar, además de la final, estuvo en el triunfo 2-1 sobre Australia en cuartos de final. Su nombre, inevitablemente, quedó grabado en la memoria de los hinchas argentinos.
No todo ha sido aplausos: Marciniak estuvo envuelto en polémica por su participación en un acto organizado por un partido de ultraderecha polaco, lo que casi le cuesta la designación en la final de la Champions. Sin embargo, su reputación dentro del campo de juego sigue intacta: firme, cercano a la acción y con la capacidad de manejar partidos de máxima tensión.
Este martes, cuando la Selección campeona del mundo vuelva a pisar un escenario mundialista, el silbato de Marciniak será el encargado de marcar el ritmo. Un viejo conocido que, para bien o para mal, ya forma parte de la historia argentina en los Mundiales.




