Lo que debería ser un paso ágil y seguro, hoy es un cuello de botella que expone la desidia de las autoridades y la falta de planificación en una zona estratégica para la economía local.
Mario D’arpino, comerciante de Yerba Mate Club, expresó su indignación frente a las demoras que impiden el ingreso de visitantes brasileños con reservas ya pagas. “Es una frustración total, un papelón y un desastre. Esto ya no da para más”, disparó, reflejando el hartazgo de quienes dependen del flujo turístico para sostener sus negocios.
El problema, lejos de ser nuevo, se repite gobierno tras gobierno sin que nadie ofrezca una solución definitiva. Mientras tanto, los comerciantes acumulan pérdidas: cancelaciones de reservas, caída en las ventas y un mercado brasileño que se aleja cada vez más de Iguazú. “No podemos seguir perdiendo empleo, inversiones y movimiento económico por controles que terminan perjudicando a quienes trabajan y circulan de manera legal”, advirtió D’arpino.
La situación no solo afecta a los turistas, sino también a los residentes que cruzan la frontera a diario. Los controles, calificados como “irracionales”, se han transformado en un obstáculo para el desarrollo comercial y social de la ciudad.



