La madrugada posadeña nos regaló un episodio digno de una tragicomedia. Un hombre de 41 años, que había decidido pasar la noche en un motel, terminó solo y sin compañía. En vez de resignarse a mirar el techo, optó por desquitarse con el baño de la habitación, como si la cerámica tuviera la culpa de su soledad. El encargado, que seguramente ya había visto cosas raras, llamó a la Policía. El huésped fue detenido a pocas cuadras, gracias a un vecino que lo retuvo como si se tratara de un superhéroe barrial. El hombre quedó a disposición de la Justicia, y el baño… a disposición de un plomero.
Pero la semana no se quedó ahí. En Campo Viera, otra escena digna de un sketch de humor: durante un velorio, una mujer de 32 años decidió que lo más urgente no era despedir al difunto, sino llevarse una pava eléctrica. Las cámaras de seguridad la captaron en plena acción, como si fuera protagonista de un reality show titulado “Robos insólitos”.
La Policía la identificó, la detuvo y recuperó el electrodoméstico, que volverá a calentar agua para mates, aunque esta vez con más historia que el propio velorio.
En resumen: uno destrozó un baño por despecho, otra se llevó una pava en pleno funeral. Dos episodios que demuestran que la realidad supera a la ficción… y que la Policía de Misiones tiene que estar preparada tanto para dramas pasionales como para ladrones con antojo de un mate.




