Junio abre un nuevo capítulo para la producción frutihortícola argentina. El invierno astronómico y las primeras heladas marcan el pulso de un calendario que se reorganiza: cítricos en plena zafra, hortalizas adaptadas al frío y cultivos de guarda que sostienen la mesa nacional.
En el NEA y NOA, mandarinas, naranjas, limones y pomelos concentran la actividad citrícola. Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Tucumán, Salta y Jujuy aportan variedades que alcanzan niveles óptimos de maduración y coloración. La mandarina criolla convive con materiales modernos como Nova y Murcott, mientras las naranjas de ombligo y los limones sostienen la dinámica comercial.
El Alto Valle de Río Negro y Neuquén mantiene presencia con manzanas y peras conservadas en frío, y el sudeste bonaerense gana protagonismo con el kiwi nacional. Las paltas del norte completan la diversidad antes de las heladas más intensas.
En el plano hortícola, las crucíferas —brócoli, coliflor, repollo y repollitos de Bruselas— encuentran condiciones ideales. Espinaca, acelga, rúcula y escarola muestran mejor desarrollo vegetativo, con menor presión térmica y productos de calidad.
Los cultivos de raíz y bulbo —zanahoria, remolacha, nabo, rabanito— suman dulzor y atributos organolépticos. Puerro, apio y cebolla de verdeo sostienen la industria y el mercado fresco. Zapallos curados, papa y batata completan la oferta estratégica del invierno.
La diversidad agroecológica del país asegura abastecimiento constante y complementario: cítricos en el norte, frutas de pepita en la Patagonia, hortalizas en distintas regiones. Junio confirma la fortaleza de las economías regionales y la capacidad del sector frutihortícola de mantener presencia todo el año.




