La producción de mandioca en Misiones atraviesa uno de sus momentos más críticos. El semáforo de economías regionales de Coninagro la ubicó en zona roja, reflejo de un escenario marcado por baja rentabilidad, caída en la producción y debilitamiento del mercado interno. Más de 70.000 familias dependen de este cultivo, lo que convierte la crisis en un problema económico y social de gran alcance.
En los últimos tres años, la combinación de políticas económicas poco favorables y un invierno excepcionalmente crudo generó un cóctel devastador. Los precios históricamente bajos desmotivaron a los productores, muchos de los cuales abandonaron sus plantaciones. A ello se sumó la falta de plantines, lo que redujo la capacidad de siembra y dejó a los colonos sin raíces suficientes para aprovechar el repunte de precios.
El consumo interno se desplomó más del 50% en el último año. La pérdida del poder adquisitivo modificó hábitos de compra y provocó que comercios dejaran de ofrecer mandioca por falta de rotación. Mientras el kilo en origen ronda los 400 pesos, en góndola los valores se disparan, especialmente en productos procesados, ampliando la brecha entre productor y consumidor.
La industria de la fécula enfrenta un obstáculo adicional: tributa un 21% de IVA frente al 10,5% de otras harinas. Este diferencial impositivo resta competitividad y expone al sector a la presión de países vecinos, donde los costos resultan más bajos. Los reclamos por una reducción fiscal buscan equilibrar el terreno y proteger al productor primario.
Pese al panorama sombrío, el repunte en el valor de la raíz abre una ventana de esperanza. Si la demanda logra reactivarse, podría incentivarse la siembra en la próxima campaña. La recuperación dependerá de tres factores clave: condiciones climáticas favorables, alivio en la carga fiscal y un repunte en el poder de compra de los consumidores.




