25 de marzo de 2026

La guerra dispara precios de los combustibles por encima de u$s200 y agrava el shock inflacionario global

La brecha entre el precio del petróleo y el costo de los combustibles se amplía por la escasez física. El impacto ya golpea al transporte, la aviación y anticipa más presión inflacionaria en la Argentina.

La escalada del conflicto en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de tensión en los mercados energéticos globales. A casi un mes del inicio de la guerra con Irán, el precio del petróleo dejó de ser la principal referencia para medir el impacto económico: ahora, el foco está en el costo real de los combustibles, que ya supera los u$s200 por barril en algunos segmentos clave como el combustible para aviones.

El fenómeno refleja una ruptura cada vez más evidente entre los precios “de papel” —los futuros del crudo— y el mercado físico, donde se define el valor que finalmente pagan industrias, empresas y consumidores.

Mientras el Brent ronda los u$s110 por barril tras un salto cercano al 50%, los derivados como el diésel, la gasolina o el jet fuel se negocian con primas mucho más elevadas, impulsadas por la escasez de oferta y las dificultades logísticas generadas por el conflicto.

El principal factor detrás de este desajuste es el bloqueo casi total del estrecho de Ormuz, un paso clave por donde circula una porción significativa del petróleo mundial. La interrupción del tránsito y los ataques a infraestructura energética en la región generaron un shock de oferta sin precedentes.

El dato más relevante es que los precios que se utilizan como referencia global ya no reflejan la realidad del mercado. Las refinerías, especialmente en Asia, están pagando sobreprecios cada vez mayores para asegurarse cargamentos disponibles, incluso recurriendo a proveedores ubicados a miles de kilómetros.

Este fenómeno genera una presión directa sobre los combustibles que se utilizan en la economía real. El combustible para aviones, por ejemplo, ya supera los u$s200 por barril, obligando a aerolíneas europeas a anticipar subas de tarifas y recortes de operaciones.

En paralelo, el transporte marítimo y terrestre comienza a trasladar el impacto a sus costos. Las navieras ya aplican recargos por combustible, mientras que empresas logísticas advierten que el gasoil representa hasta el 30% de sus estructuras de costos.

La consecuencia es inmediata: el encarecimiento de la energía se filtra en toda la cadena económica, desde la producción hasta el consumo.