26 de febrero de 2026

Influenza aviar: síntomas, transmisión y medidas de prevención

La enfermedad, causada por un virus tipo A, afecta principalmente a las aves domésticas y silvestres, aunque también puede transmitirse a personas y otros animales. Senasa y el Ministerio de Salud remarcan la importancia de la bioseguridad y la notificación temprana.

La influenza aviar (IA) tipo A es una enfermedad altamente infecciosa producida por un virus de la familia Orthomyxoviridae. Su impacto se concentra en aves domésticas y silvestres, aunque en ocasiones también puede afectar a personas y a otras especies animales, como equinos, porcinos y caninos.

Entre las aves más susceptibles se encuentran gallinas, pavos, codornices y faisanes, además de especies acuáticas como patos, gansos, flamencos y cisnes.

El Ministerio de Salud clasifica la enfermedad en dos categorías:

  • Influenza aviar de baja patogenicidad (IABP): provoca síntomas leves o incluso ausencia de signos clínicos.
  • Influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP): puede generar cuadros graves y altos índices de mortalidad, llegando al 90 o 100% de las aves de un lote.

Medidas de prevención

Las recomendaciones oficiales incluyen:

  • Mantener a las aves en lugares protegidos y aislados.
  • Evitar el contacto con aves silvestres.
  • Proteger agua y alimentos que puedan atraer fauna silvestre.
  • Limpiar y desinfectar periódicamente las instalaciones.
  • Controlar el ingreso de personas, utensilios, animales y vehículos a los gallineros.
  • Lavarse las manos con agua y jabón luego de manipular aves.
  • Cumplir con las medidas de manejo, higiene y bioseguridad establecidas por Resolución Senasa 1699/2019.

La notificación temprana y la atención inmediata son pilares de la estrategia de prevención y contención que impulsa Senasa, con la colaboración del sector productivo y la comunidad.

Síntomas y transmisión en humanos

La gripe aviar infecta principalmente a las aves, pero también puede transmitirse a personas. El contagio más frecuente ocurre por contacto directo con animales infectados, aunque también puede darse de persona a persona por vías aéreas, mediante tos o estornudos.

Los síntomas aparecen entre los dos y ocho días posteriores al contagio y pueden confundirse con un resfrío común: tos, fiebre, dolor de garganta y cabeza, dolores musculares y dificultad para respirar. La enfermedad presenta un alto grado de mortalidad.

El tratamiento se basa en antivirales administrados en los primeros días y en la aplicación de vacunas. Los especialistas que atienden esta patología son los infectólogos y, en el caso de los niños, los pediatras.