Cada año se detectan alrededor de 50 nuevos casos en Misiones, y 7 de cada 10 niños logran superar la enfermedad. El Hospital Pediátrico Fernando Barreyro acompaña con terapias, controles y símbolos que marcan el cierre de etapas.
El impacto del diagnóstico
Un diagnóstico de cáncer en la infancia irrumpe sin aviso y golpea tanto a los chicos como a sus familias. La doctora Sandra Borchichi, responsable del Servicio de Oncología, lo definió como “un momento catastrófico”, donde la angustia es máxima. En la provincia, el año pasado se registraron 52 nuevos casos, cifra que se mantiene estable.
Tratamientos y derivaciones
Actualmente, unos 100 pacientes están en tratamiento o seguimiento. Las leucemias agudas son los diagnósticos más frecuentes, seguidos por tumores del sistema nervioso central y linfomas. Entre el 35 y el 40% de los chicos debe viajar a Buenos Aires para radioterapia o trasplantes de médula, lo que implica desarmar rutinas y dejar afectos atrás.
La vida dentro del hospital
Las terapias se extienden por al menos dos años. En ese tiempo, los chicos pintan, juegan y estudian, mientras las familias aprenden un nuevo vocabulario médico. Tras la última quimioterapia, comienza un seguimiento de cinco años, etapa en la que aparecen miedos y dudas, pero también la certeza de que no están solos.
Símbolos de recuperación
Los peluches, prohibidos durante el tratamiento por riesgo de infecciones, se convierten en símbolo de recuperación. Al cumplir cinco años libres de cáncer, cada paciente recibe un peluche y un certificado. Este año serán 15 los reconocidos. Además, los chicos dejan su huella pintada en un mural y, junto a sus familias, plantan un árbol en memoria de quienes ya no están.
El cierre de una etapa
“El premio a los cinco años fuera de tratamiento es un hermoso peluche y un certificado”, resumió Borchichi. El gesto marca que el riesgo oncológico se reduce al nivel de cualquier otro niño y que, después de años de controles, la vida puede volver a abrazarse con fuerza.




